Si vas a vender tu empresa, recibir inversión o fusionarte, alguien va a revisarla a fondo. Esa revisión es el due diligence, y su resultado se traduce directamente en precio.
La decisión inteligente es hacerla tú primero.
Qué se revisa
Corporativo
Lo primero, siempre. La cadena de titularidad: quién es socio, desde cuándo, con qué documentos. Actas, libros corporativos, poderes vigentes, cumplimiento de formalidades en asambleas.
Si esta parte está rota, la operación se detiene aquí. Nadie compra lo que no puede acreditar que le van a vender.
Contratos
Los relevantes: clientes principales, proveedores críticos, arrendamientos, créditos. Se busca en particular la cláusula de cambio de control, que permite a la contraparte terminar el contrato o exigir su consentimiento si cambia quién controla la empresa.
Si el negocio depende de tres contratos y los tres tienen esa cláusula, el comprador lo va a saber.
Laboral
Plantilla, contratos, esquemas de contratación, expedientes, pasivos por prestaciones no pagadas, juicios en curso. Y con creciente atención: esquemas de prestadores de servicios que podrían reclasificarse.
Fiscal
Cumplimiento, declaraciones, créditos determinados o en trámite, materialidad de operaciones relevantes, opinión de cumplimiento.
Propiedad intelectual
Titularidad de marcas y de desarrollos. En empresas de tecnología, la pregunta crítica es si el código está efectivamente cedido a la sociedad o quedó en manos de quien lo escribió.
Litigios y permisos
Juicios en curso con su exposición estimada, permisos y licencias vigentes.
Cómo prepararte
En este orden, porque los primeros bloquean todo lo demás:
1. Regulariza lo corporativo. Libros, actas de los últimos ejercicios, transmisiones asentadas, poderes vigentes. Toma semanas.
2. Cierra contratos pendientes. Todo lo que opere de palabra o con cotizaciones aceptadas debe formalizarse.
3. Ordena lo laboral. Contratos por escrito, expedientes completos, esquemas dudosos resueltos.
4. Documenta la materialidad de las operaciones relevantes.
5. Arma el data room con estructura, no como un volcado de archivos. Un data room ordenado transmite que la empresa está bien administrada — y eso también vale en la negociación.
El error de esconder
La tentación de omitir un problema conocido es fuerte y es mala idea. El comprador probablemente lo encuentre, y si lo encuentra después de que tú lo callaste, ya no es un tema de precio: es un tema de confianza, y puede activar las declaraciones y garantías del contrato.
Lo correcto es revelarlo con su cuantificación y una propuesta de tratamiento. Un problema conocido y acotado se negocia; uno descubierto, se penaliza.
Todo lo que no esté en orden cuando llegue el comprador se convierte en descuento sobre el precio. Ordenar la casa antes es la inversión con mejor retorno de una operación de venta.

